Hay teorías que sostienen que el ser humano posee dos tipos de sentidos. Aquellos
que son plebeyos, sentidos básicos, burdos, que necesitan el contacto como lo
son el tacto, el gusto y el olfato. Y están los sentidos nobles, aquellos que
permiten una relación inmediata con la construcción del pensamiento, como la
vista y el oído. Que son capaces de hacernos inferir sentimientos,
pensamientos, emociones. Por eso quiero comenzar este blog recomendando
literatura que a su vez tiene que ver con la música, con la danza, aunando dos
tipos de arte. Porque la literatura puede darse esa licencia, de traspasar su
propio mundo, para unir universos de significado.
Les propongo entonces disfrutar de textos que se van entrelazando. En las
entradas que siguen las musas dejan de ser griegas para volverse latinoamericanas. En el primer
video se puede apreciar la canción Guantanamera
interpretada por diversos artistas reconocidos de Cuba. Esta canción tiene su
origen en el Guantánamo y desde su nacimiento se ha prestado a la inventiva del
pueblo que la transforma una y otra vez para hacer comentarios amorosos, patrióticos,
o de otras índoles. Lo que siempre perdura son sus primeros versos tomados
prestado a José Martí (Versos sencillos,
1891) poeta cubano considerado como modelo de nacionalidad y “apóstol de la
independencia”.
Esta obra literaria es un claro ejemplo de intertextualidad pero sobre todo
es un ejemplo de cómo la literatura nace y se nutre de la sociedad para
modificarse a sí misma. La literatura es el capital cultural de la memoria
social de un pueblo.
La entrada siguiente a esta canción nos presenta a un escritor que caminaba
entre el realismo mágico y el surrealismo, el maestro argentino del relato
corto y la prosa poética: Julio Cortázar.
Poder leer su Historia de Cronopios y
Famas nos lleva a un mundo de seres muy ambiguos pero complementarios. Uno fácilmente
les puede dar nombre y apellido. Cada cuento
te deja con esa sonrisa de Monalisa
luego de la lectura preguntándote si vos también sos un cronopio o un
fama. Uno podría, incluso, agarrar cualquier otro libro de Cortázar. Sentiría la
música en su forma de escribir, en su prosa poética. O descubriría la magia del
Glíglico, este idioma inventado, lenguaje musical que comparten los enamorados
por ejemplo en el capítulo 68 de su Rayuela.
Por último, continuando con el tema, la obra El Merengue del grupo Les Luthiers, en donde Marcos Mundstock y el
recientemente fallecido Daniel Rabinovich realizan un “biólogo” humorístico
jugando con los significados de las palabras. Un imperdible “biólogo” humorístico.
Los invito a danzar con la literatura.
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